2019-05-28T10:00:41+00:00

Cuentos con poder es una serie de conferencias sobre las parábolas y enseñanzas de Jesús.

CON LAS MANOS EN LA MASA

¿Sabrías decirme cómo se elabora la leche con chocolate? Mejor aún, ¿podrías decirme de dónde proceden los ingredientes de dicho producto?

Una pregunta similar forma parte de una reciente encuesta encargada por el Centro de Innovación Láctea de Estados Unidos. De manera sorprendente, un 7% de las respuestas afirman que el batido de leche con chocolate la producen las… ¡vacas marrones! La noticia la recoge el diario norteamericano The Washington Post y señala que dicha cifra representa a unos 16,4 millones de estadounidenses. Dicha población vendría a corresponderse con la población del estado de Pensilvania en Estados Unidos o al total de censados en Andalucía y Cataluña, en el caso de España.

Más allá de las sonrisas que estos datos puedan generar, algunas asociaciones como FoodCorps, han mostrado su preocupación por los mismos, ya que es una muestra más de la progresiva falta de cultura alimentaria que la ciudadanía va mostrando desde hace unas cuantas décadas.

Unos meses antes de que fueran publicados estos resultados, otro estudio, también realizado en los Estados Unidos, reveló que más de la mitad de los estudiantes de los últimos años de primaria (4º, 5º y 6º) no sabían que productos como las lechugas o las cebollas crecían en la tierra. De igual modo, 3 de cada 10 de los estudiantes tampoco sabían que el queso es un producto que procede de la leche.

Considerando estos datos, no resulta sorprendente que en este siglo XXI haya surgido el nuevo término “analfabetos alimentarios”. Bajo dicha categoría se agrupan aquellas personas que no poseen los conocimientos mínimos para distinguir entre un alimento saludable de otro que no lo es, ni presentan las habilidades suficientes para cocinarlos.

Este analfabetismo resulta manifiesto en los más jóvenes, quienes tienden a abusar en mayor medida de la comida rápida y elaborada. Estos, con frecuencia, no saben elegir, y menos cocinar, alimentos saludables, ya que han vivido en familiares donde los alimentos son elaborados en el exterior. Esta falta de conocimiento resulta alarmante si recordamos que el 30% de los universitarios en España tienen que salir de casa para estudiar y que la mayoría de ellos son responsables de su propia alimentación.

De manera sorprendente, este progresivo desconocimiento, coincide con la importancia que los expertos conceden a la alimentación. Por ejemplo, la prestigiosa revista médica The Lancet, hace no mucho, no dudaba en afirmar que una alimentación inadecuada podía llegar a generar más enfermedades que el sedentarismo, el alcohol y el tabaco juntos.

Estos datos nos conducen a pensar que toda iniciativa realizada con la finalidad de recuperar los conocimientos y habilidades culinarias necesarias para elaborar una buena comida meceré ser considerada como importante. Aprender a cocinar, más allá de ser una herramienta fundamental para el disfrute de la variedad alimentaria existente, debe ser concebida como una habilidad de importancia fundamental para el mantenimiento y desarrollo de nuestra salud. Una competencia que, más allá de las llamadas clases de cocina que en algunos programas escolares se incluyen, debe ser enseñada y promocionada en todos los segmentos de la población.